El Reino de Dios

¡El Reino de Dios!… ¿Sabe usted qué es?

¿Es algo “instalado en el corazón del hombre”?
¿Es el Imperio Británico?
¿Es “la Piedad que mora en usted”?
¿Es “el Milenio”?
Cada uno de estos conceptos se difunden ampliamente entre el mundo llamado religioso – ¡sin embargo ninguno es correcto! Aqui presentamos en forman clara, la asombrosa verdad al respecto.

¿Por qué no pueden estar acordes las iglesias en cuanto a qué cosa es el Evangelio? Jesucristo predicó el Evangelio del Reino de Dios. Sin embargo, muy pocos predican acerca del Reino de Dios hoy en día, porque los más han perdido todo conocimiento de lo que éste es.

Un prominente evangelista dijo a su numeroso auditorio del aire que el Evangelio del Reino de Dios no es para nosotros los de esta era. Ciertas denominaciones proclaman un “evangelio de gracia”; algunos anuncian lo que ellos llaman el “evangelio de salvación”; otros pregonan un evangelio acerca de Cristo; los hay que predican un evangelio social, y también encontramos quien publique la “ciencia mental” o “ciencia religiosa”.

¡Ninguno está en lo cierto!

Algunas iglesias afirman que ya sea su denominación en particular, o la “cristiandad” como un todo, constituye el Reino de Dios.

¡Ninguna de estas ideas es correcta! ¿Podría aseveración alguna ser más increíble? ¡Sí, para la mente educada en estos conceptos mundanos, hay algo que es, verdaderamente, aun más increíble! Y ese algo es la pura verdad acerca de lo que realmente es el Reino de Dios!

Esa verdad no es meramente sorprendente – ¡es conmovedora – pasmosa! Con todo, ésta constituye en sí, auténticas buenas nuevas – ¡las más gloriosas buenas nuevas que jamás hayan penetrado a la conciencia humana!

El Evangelio de Cristo
¿Cuál es el solo y único Evangelio de Jesucristo? ¡El mundo no lo sabe! Aunque parezca increíble, esas buenas nuevas no se han predicado por dieciocho siglos y medio. Consulte su Biblia. ¡Lea lo concerniente a ese Evangelio desde sus principios mismos!

“Principio del Evangelio de Jesucristo”, leerá usted en Marcos 1:1. “Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el Evangelio del Reino de Dios, y diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos y creed el Evangelio” (Marcos 1:14-15).

¡Es indispensable creer ese Evangelio para ser salvo! ¿Y cómo puede usted creerlo a menos que sepa lo que es?

Jesús fue por todas partes predicando las buenas nuevas del Reino de Dios. Enseñó en parábolas lo concerniente al Reino de Dios. Envió setenta hombres a predicar, después de haberles mandado anunciar el Reino de Dios (Lucas 10:9). Los apóstoles, sobre quienes está fundada la Iglesia de Dios, fueron también enviados por Él a predicar solamente el Reino de Dios (Lucas 9:1-2).

¿No es asombroso que el mundo haya perdido el conocimiento de lo que es dicho evangelio?

El apóstol Pablo predicó el Reino de Dios (Hechos19:8; 20:25; 28:23, 31). ¡Y Dios Todopoderoso por medio de Pablo, pronunció doble maldición sobre el hombre o ángel que se atreva a predicar cualquier otro Evangelio! (Gálatas 1:8-9).

¿Por qué, entonces, son tantos los que se atreven a predicar otros evangelios en tan gran variedad? ¡Para ser salvo usted necesita entender y creer las buenas nuevas del Reino de Dios! ¡Así lo dijo Jesucristo! Por lo tanto, es imperativo que usted empiece a averiguar qué es ese Evangelio.

¡Daniel lo sabía!
¿Ha oído a algunos referirse al Reino de Dios más o menos en los siguientes términos: “Mediante el esfuerzo unido de todos los cristianos en pro de la paz, la tolerancia y el amor fraternal, el reino de Dios puede al fin ser establecido en los corazones de los hombres”?

El mundo rechazó el Evangelio de Cristo hace 1900 años, y por ello tuvo que suplantarlo con otros conceptos. Los hombres tuvieron que inventar una falsificación. En consecuencia, nosotros hemos oído hablar del Reino de Dios, como de una mera frivolidad – un buen sentimiento en los corazones de los hombres – ¡lo han reducido a una nada etérea e irreal! Algunos han alegado falsamente que la “Iglesia” es el Reino. Otros lo confunden con un “milenio”. Y, en nuestro esclarecido siglo XX, hay quien reclame que el Imperio Británico es el Reino de Dios. ¿Hasta donde puede llegar el engaño en el mundo?

El profeta Daniel, quien vivió 600 años antes de Cristo, sabía que el Reino de Dios era un verdadero reino – un gobierno ejerciendo dominio sobre individuos reales sobre la tierra.

Jesucristo trajo conocimiento adicional acerca de lo que posiblemente no entendió el profeta Daniel. Sin embargo, Daniel entendió que existiría un auténtico Reino de Dios sobre la tierra.

Daniel fue uno de los cuatro jóvenes judíos, de extraordinaria y brillante inteligencia que fueron seleccionados de entre los cautivos de Judea para estar en el palacio de Nabucodonosor, el famoso monarca caldeo, a fin de ser entrenados para recibir responsabilidades especiales en el gobierno babilonio. Daniel era profeta de Dios, quien le había conferido singular entendimiento en visiones y sueños (Daniel 1:17).

Nabucodonosor fue el primer gobernante que ejerció dominio sobre todo el mundo. Logró conquistar un vasto imperio, incluyendo la nación de Judá. Este emperador tuvo un impresionante sueño que le perturbó en gran manera – despertó en él tremenda inquietud. Hallándose en gran desasosiego demandó de sus magos, astrólogos, y adivinos que le dijesen qué había soñado y la interpretación de su sueño. Pero ellos no pudieron. Estaban confundidos. Entonces Daniel fue traído ante la presencia del rey. Daniel negó tener más habilidad humana para interpretar sueños, que la de los magos caldeos, “Pero”, dijo él, “hay un Dios en los cielos, el cual revela los misterios, y él ha hecho saber al rey Nabucodonosor lo que ha de acontecer en los postreros días” (Daniel 2:28).

Primeramente, el propósito de Dios fue revelar a este rey humano que imperaba sobre todo el mundo, la existencia de un Dios en los cielos – ese Dios es gobernante supremo sobre todas las naciones, gobiernos y reyes – ¡la existencia de un Dios que gobierna el universo! Este rey caldeo sólo tenía conocimiento de los muchos dioses paganos demoníacos. Él nada sabía acerca del Dios todopoderoso. Al igual que las gentes y los gobernantes de hoy, él ignoraba que Dios es el personaje real, activo, viviente, que actual y literalmente gobierna no sólo lo que está sobre la tierra, sino el universo entero.

Todo el propósito de este sueño fue revelar el gobierno de Dios – la verdad de que Dios gobierna – la verdad del Reino de Dios – ¡lo que es el solo y único verdadero Evangelio de Jesucristo! Y, en segundo lugar, revelar – preservado en la escritura para nosotros hoy – lo que sucederá “en los postreros días” – de hecho dentro de las próximas décadas – ¡Durante la presente mitad del siglo XX!

¡Para nosotros!
Ésta no es una revelación árida, insulsa, muerta, escrita, para la gente de hace 2500 años. ¡Éstas son noticias super-importantes, tremendas, vivientes, para nuestros días! Son noticias que fueron dadas con mucha anticipación para nosotros, los de esta era. Noticias de sucesos que están por acontecer – de los más colosales acontecimientos de toda la historia de la tierra que ocurrirán durante el curso de su propia vida – ¡dentro de unos cuantos años!

¡Este es el verdadero Evangelio! ¡Es el Evangelio que Cristo predicó! Fue ideado para usted y para mí. ¡Es vital que usted entienda eso!

Lea en su propia Biblia, los versículos 28 al 35 del citado capítulo 2 de Daniel. En su sueño, Nabucodonosor vio una estatua enorme – más grande que cualquier imagen o estatua jamás erigida por hombres – tan tremenda era, que causaba pavor, aun en el sueño. Su cabeza era de oro fino, su pecho y sus brazos de plata; su vientre y sus muslos, de bronce, las piernas de hierro sólido, sus pies, en parte de hierro y en parte de barro cocido.

Pero el elemento tiempo estaba en juego. Nabucodonosor pudo contemplar la estatua hasta que una piedra vino del cielo, hiriéndola en los pies. En seguida toda ella se desmenuzó, y quedó convertida en polvo mismo que arrastró el viento – ¡desapareció! Luego la piedra que hirió a la imagen se extendió milagrosamente y pronto se convirtió en una gran montaña – ¡Tan grande que llenó toda la tierra!

¿Tenía significado todo eso? Sí, ciertamente, porque era el obrar de Dios. A diferencia de los sueños ordinarios, éste fue originado por Dios para comunicar a Nabucodonosor el mensaje de la soberanía del Eterno – y, en virtud de ser dicho mensaje parte de la Palabra de Dios escrita – para revelarnos, a los de esta era, importantes hechos del verdadero Evangelio.

“Éste es el sueño”, dijo Daniel (versículo 36); “también la interpretación de él diremos en presencia del rey”.

Ésta es, por lo tanto, la interpretación de Dios. Decididamente no es nuestra interpretación. Jamás debe el hombre interpretar Biblia. La Biblia nos da la propia interpretación de Dios. Hela aquí: “Tú, oh rey, eres rey de reyes” – él fue el primer real gobernate que ejerció dominio sobre un imperio mundial – “porque el Dios del cielo te ha dado reino, poder, fuerza y majestad”. Dios estaba revelándose a este humano dictador de todo el mundo como el altísimo, como el Gobernador de todo cuanto existe.

Actualmente los hombres, al igual que este rey caldeo, no conceptúan a Dios como un gobernante – como el supremo que gobierna – como la cabeza del gobierno. El Eterno estaba revelándose por medio de Daniel a Nabucodonosor – y por medio de la Biblia a usted y a mí ahora – como un gobernante, dios soberano todopoderoso que tiene que ser obedecido.

“Tú”, continuó diciendo Daniel a aquel emperador humano, “eres aquella cabeza de oro. Y después de ti se levantará otro reino inferior al tuyo; y luego un tercer reino de bronce, el cual dominará sobre toda la tierra” (versículos 38-39).

¿Qué es un reino?
Observe que el pasaje antes citado habla de reinos. Se refiere a reinos que ejercen dominio sobre las gentes de la tierra. ¡Habla de gobiernos! No se refiere a sentimientos etéreos “puestos en los corazones de los hombres”. No está hablando de iglesias. Habla del tipo de gobiernos que ejercen dominio y autoridad sobre naciones compuestas de hombres y que se hallan en la tierra. Es literal. Es específico. No hay aquí mal entendimiento en cuanto a lo que se quiso decir con la palabra “Reino”.

No hay disentimiento tampoco en la interpretación, porque Dios da su propia interpretación por medio del profeta Daniel. La gran estatua metálica representaba gobiernos nacionales e internacionales – Reinos reales, literales.

Representaba una sucesión de gobiernos que ejercerían dominio sobre todo el mundo. Primeramente se mencionó la cabeza de oro. Ésta simbolizaba a Nabucodonosor y su reino – el Imperio Caldeo. Después de él, en su sucesión ordenada, había de venir un segundo, luego un tercer Reino “el cual dominará sobre toda la tierra” – ¡Imperio de alcances mundiales!

Luego, según el versículo 40, las piernas de hierro representaban un cuarto Imperio mundial. Habría de ser fuerte, como fuerte es el hierro – militarmente más poderoso que sus predecesores. Sin embargo, así como la plata es de menor valor que el oro, el bronce inferior a la plata, y el hierro más bajo que el bronce, aunque cada metal venía siendo más sólido y más fuerte, la sucesión se deteriora moral y espiritualmente. Las dos piernas significaban que el cuarto Imperio quedaría dividido.

Después del Imperio Caldeo, surgió el todavía más grande Imperio Persa, luego el Imperio Greco-Macedonio y en cuarto lugar, el Imperio Romano. Éste último quedó dividido, con sus respectivas capitales en Roma y Constantinopla.

Llegamos ahora el versículo 44. ¡Léalo! Abra su Biblia. Vea esto con sus propios ojos. Aquí, en lenguaje sencillo y claro, Dios explica lo que es su Reino.

“Y en los días de estos reyes” Aquí está refiriéndose a los diez dedos que en parte eran de hierro y en parte de barro cocido, los cuales conectando la profecía de Daniel 7 y Apocalipsis 13 y 17 simbolizan los Estados Unidos de Europa que están formándose ahora y que con sus propios ojos verá surgir del Mercado Común Europeo. Apocalipsis 17:12 claramente dice que será una unión de diez Reyes o Reinos que (Apocalipsis 17:8) resucitarán al antiguo Imperio Romano.

De manera que, advierta el elemento tiempo: “En los días de estos reyes” – en los días de estas diez naciones o grupos de naciones que se encargarán, en nuestros días, de resucitar por un corto período al Imperio Romano – note lo que sucederá: “el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre”.

¡Sí, en nuestros días!
Ahora tenemos aquí la descripción de cuatro imperios universales – ¡los únicos cuatro de esa índole que han existido! El capítulo 17 de Apocalipsis demuestra que, tras de la caída del Imperio Romano original, habrá siete resurrecciones del mismo y que durante estas resurrecciones, estará a la cabeza una Iglesia gentil – la “hija” de la antigua Babilonia – una iglesia que reclama ser cristiana, pero a quien Dios llama “Misterio: Babilonia la Grande” – o más claramente, ¡”Los Misterios Babilónicos”!

Seis de éstas ya surgieron y desaparecieron. La séptima está ahora formándose – la decisiva, final breve resurrección del Imperio Romano que llevarán a cabo los diez grupos o naciones. Estas están representadas por los diez dedos compuestos de barro cocido y hierro.

En sus días – que serán muy breves, posiblemente no más de dos o tres años y medio – el Dios del Cielo establecerá un Reino.

¡Ese, entonces, será El Reino de Dios!

Compare el citado pasaje de Daniel con Apocalipsis 17. Allí se describe una iglesia. No una iglesia pequeña – sino una gran iglesia. Esta gobierna sobre “muchas aguas” (versículo 1) que, según el versículo 15, son diferentes naciones que hablan diversas lenguas. Ella se hace pasar como la Iglesia de Dios – que de acuerdo con la Sagrada Escritura (Ef. 5:23; Ap. 19:7; Mateo 25:1-10, etc.) es la “novia” prometida de Cristo, que se unirá espiritualmente con Él a su retorno.

Pero la iglesia primeramente mencionada ha cometido fornicación. ¿De qué manera? ¡Aliándose en directa unión política con los gobiernos humanos de este mundo! Ella aparece “sentada sobre” (Ap. 17:3) el total de las siete resurrecciones del Imperio Romano – llamado el “Sacro Imperio Romano”. Ella gobierna sobre los reinos humanos – como una “esposa” consensual que ejerce autoridad sobre su “amante” – una comunión totalmente contranatural e impía.

Ella, por lo tanto, se “sentará sobre” esta última “cabeza de la bestia” – la final resurrección del Imperio Romano. Será una unión de Iglesia y estado, que sólo durará breve tiempo. ¡Peleará contra Cristo a su segunda venida! Ese será su fin.

Podemos verla ahora en proceso de levantarse, ¡lo cual nos advierte que estamos muy cerca del retorno de Cristo! Estamos ya muy cerca del fin de este mundo.

Cuando Cristo retorne, vendrá como Rey de reyes, y gobernará la tierra toda (Ap. 19:11-16); su Reino – el Reino de Dios – Dijo Daniel, consumirá todos los reinos mundanos.

Apocalipsis 11:15 declara lo anterior en las siguientes palabras: “los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y Él reinará por los siglos de los siglos”.

Ese es el Reino DE Dios. Es el fin de los gobiernos actuales – los gobiernos que rigen Rusia, China, España, Italia, Colombia, México, los Estados Unidos y las Naciones Británicas. Ellos vendrán a ser los reinos – los gobiernos del Señor Jesucristo, quien será entonces Rey de reyes sobre la tierra entera.

Esto hace completamente entendible y claro el hecho de que el Reino de Dios es un gobierno literal, tal como lo fueron el Imperio Caldeo y el Romano. El Reino de Dios tomará posesión de los gobiernos de las naciones del mundo.

Jesucristo nació para ser Rey – ¡un gobernante! Cuando fue llevado ante Pilato para ser juzgado, “le dijo entonces Pilato: ¿Luego, eres tú rey? Respondió Jesús: Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo”. Pero Jesús le dijo también: “Mi reino no es de este mundo” (Juan 18:37, 36). ¡Su Reino es del Mundo de Mañana!

¿No ha leído usted lo que el ángel proclamó a María, la madre de Jesús, antes de que Él naciera? Jesús dijo a Pilato que Él había nacido para llegar a ser Rey. El ángel de Dios dijo a María: “concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y lo llamarás su nombre Jesús. Éste será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el Trono de David a su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin” (Lucas 1:31-33).

Estos dos pasajes de la Sagrada Escritura claramente le dicen que Dios es gobernador Supremo. Le dicen en el más sencillo de los lenguajes que Jesús nació para ser Rey – que Él va a gobernar a todas las naciones de la tierra – que su Reino gobernará eternamente.

Pero todo esto es sólo parte de la fantástica, sorprendente, de hecho conmovedora verdad acerca del Reino de Dios.

El Reino de Dios gobernará sobre gente y naciones de la tierra. No obstante, estos individuos mortales y naciones no serán en sí el Reino, ni siquiera estarán en el Reino de Dios. ¡Ellas meramente serán gobernadas por ese Reino!

Pero todavía nos falta saber de qué, o de quienes estará compuesto el Reino. ¿Puede usted, como individuo, llegar alguna vez a ser parte de él?

¡Puede entrar!
En la época de Jesús, los judíos religiosos sabían que Él era un Maestro enviado del cielo con la verdad de Dios. Le llamaron falso profeta, hereje y sedicioso. No obstante, ellos sabían que su voz era la Voz de Dios.

Uno de los fariseos llamado Nicodemo, quien ocupaba alto cargo de autoridad sobre los judíos, vino secretamente de noche a ver a Jesús.

“Rabí”, dijo este fariseo, “sabemos que has venido de Dios como maestro” (Juan 3:2). Si, nosotros los fariseos, afirmó él, sabemos eso. Él no dijo, “Yo lo s´”, sino “Sabemos”. Ellos sabían que Cristo hablaba la verdad – sin embargo, no solamente la rechazaron, ¡sino que le crucificaron!

Pero Jesús tajantemente dijo a Nicodemo lo relativo al Reino de Dios. Le dio a conocer ciertas cosas que usted necesita entender.

Note lo que expresó Jesús: “De cierto, de cierto te digo que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Juan 3:3). ¡Sí, note eso! El Reino de Dios es algo que puede ser visto, pero solamente por aquellos que han “nacido de nuevo”. ¡Es algo que otros no pueden ver! Lea el folleto “Nacido de nuevo¿qué quiere decir usted con eso?

Pero ¿qué decir de la Iglesia? ¿Pueden individuos humanos que no afirman haber “nacido de nuevo” ver una Iglesia? ¡La respuesta es obvia! Pero ellos no pueden ver el Reino de Dios. ¡Así lo dijo Jesús! Por lo tanto, si usted cree a Jesús, la Iglesia no puede ser el Reino de Dios.

Observe además esto: “Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios” (versículo 5). El Reino de Dios es algo a donde podemos ingresar – se puede entrar en él Pero, solamente aquellos “nacidos de agua y Espíritu” pueden entrar en él.

Una observación más: En el capítulo de la resurrección, leemos: “Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, n la corrupción hereda la incorrupción” (1 Cor. 15:50). Ningún humano, compuesto de carne y sangre puede entrar a heredar el Reino de Dios.

¿Ingresan a la Iglesia individuos cuya composición es carne y sangre? Si así es, entonces el Reino de Dios no puede ser la Iglesia – porque a ese Reino no pueden entrar los humanos.

¿Qué se imagina usted que es “la iglesia”? ¿Es el edificio? La carne y la sangre puede y entra a los edificios y catedrales llamados “iglesias”. ¿Es la gente convertida? Las personas compuestas de carne y sangre pueden e ingresan dentro de la asociación de cualquier grupo de personas que se llamen la iglesia. Pero la carne y la sangre no puede entrar en el Reino de Dios – por lo tanto, ¡la Iglesia no es el Reino de Dios!

¿En los corazones de los hombres?
Ahora bien, algunos piensan que el Reino de Dios es cierto sentimentalismo etéreo, idealista, o algo puesto en los corazones de los hombres. Si así fuese, entonces el Reino podría entrar en los hombres mortales; pero estos incuestionables pasajes dicen claramente que son los hombres, después de haber sido transformados, cuando ya dejen de ser carne y sangre – y sean resucitados en cuerpos compuestos de espíritu – los que pueden entrar en el Reino de Dios. El Reino no entra en los hombres. Los hombres entran al Reino – después de resucitar en gloria – después de ya no ser “carne y sangre”.

¿Es el Reino la “piedad que habita en la persona”? No, éste no es algo que haya nacido dentro del hombre, o haya jamás entrado en él – es algo a donde el hombre puede entrar después de “ser nacido de nuevo”.

Pero algunos, entendiendo equivocadamente la Sagrada Escritura, quizás preguntarán: “¿No dijo Jesús mismo que el Reino de Dios está ‘dentro de vosotros’?” El versículo 21 de Lucas 17 aparece incorrecto en algunas versiones, pero la Valera, tanto la antigua como la revisada, anotan “entre vosotros”, y no “dentro de vosotros”, error que ha conducido a muchos a creer o suponer que el Reino de Dios es algún pensamiento o sensación dentro del hombre.

¿En los corazones de los fariseos?
Consideremos esto detenidamente. En primer lugar, démonos cuenta de que si dijese “dentro de vosotros”, ese texto disentiría con todos los demás pasajes relativos que voy a citar en este artículo. Y si la Biblia se contradice a sí misma, no es digna de crédito – de manera que ello aun así, no probaría nada.

Primeramente preguntémonos: ¿A quién estaba hablando Jesús? ¡Léalo!

“Preguntando por los fariseos, cuándo había de venir el reino de Dios, les respondió y dijo: el reino de Dios no vendrá con advertencia, ni dirán: Helo aquí, o helo allí; porque he aquí el reino de Dios está entre vosotros” (Lucas 17:20-21).

Él se dirigía en esta ocasión a los fariseos inconversos, carnales, hipócritas, mentirosos. Note que dice: “les respondió y dijo”. Fueron los fariseos quienes le formularon la pregunta. ¿Pertenecían ellos a la Iglesia? ¡No, jamás! Si alguno supone que el Reino es la Iglesia; y que el Reino estaba “dentro” de los fariseos, cabe preguntarle: ¿estaba la Iglesia dentro de los fariseos? Tal suposición ahora parece más bien ridícula, ¿no es así?

Note una vez más qué fue lo que precisamente dijo Jesús. Recuerde que la Iglesia no había sido establecida aún. Jesús no dijo “el Reino de Dios será establecido en vuestros corazones”. Él no dijo ni una sola de las cosas que la gente interpreta de este versículo. Él dijo a los fariseos “El Reino de Dios está” – tiempo presente, ¡está Ahora! Lo que Él dijo ser el Reino de Dios, lo dijo en tiempo presente, no futuro.

Lucas consignó estas palabras originalmente en el griego. Él no escribió la frase: “dentro de vosotros”. Ese fue un error que cometieron los encargados de revisar y arreglar la Versión Moderna, pero aun la traducción católica de Torres Amat transcribe: “El reino de Diosestá en medio de vosotros”.

Jesús no estaba hablando de una Iglesia a punto de ser organizada. No se refería a estados afectivos de ánimo. Hablaba de su Reino, como Mesías que era. Los fariseos no le interrogaron respecto a una Iglesia. Nada sabían ellos acerca de Iglesia alguna del Nuevo Testamento próxima a surgir. Tampoco le preguntaron acerca de un sentimentalismo idealista. Ellos sabían por medio de las profecías de Daniel, Isaías, Jeremías y otros, que su Mesías habría de venir. Pero hicieron caso omiso completo de las profecías de su primera aparición como el “Cordero de Dios”, que había de ser sacrificado y muerto por los pecados de la humanidad – que nacería como un indefenso bebé, crecería, y sería rechazado y despreciado por ellos, según lo consignara Isaías 53. Ellos miraron solamente las profecías de su segunda venida como el Rey conquistador y victorioso que todo lo vencería a su paso.

Pero aun estas profecías las habían tergiversado. Esperaban que su Rey llegara puramente como el Mesías judío y que les libraría de los romanos. Ellos se figuraban un reino judío limitado, situado en sólo una pequeña parte del mundo, con el Mesías a la cabeza, permitiéndoles señorear sobre los romanos.

Esto, era lo que los fariseos anticipaban como el Reino de Dios. Tenían un concepto muy equivocado – pero al menos sabían que sería un Reino – un gobierno.

Gobierno que regirá al mundo entero.
Jesús les presentó el caso en forma por demás clara. Les explicó que el Reino de Dios no sería un reino local, o limitado sólo para los judíos. No sería meramente uno de los muchos reinos humanos visibles, al cual los hombres pudieran señalar o ver, y decir: “Helo aquí”; o “ese es el Reino”, sino que, según lo dijo claramente a Pilato (Juan 18:36-37). Él había nacido para ser Rey de ese Reino. La Biblia emplea los términos “rey” y “reino” alternativamente (vea Daniel 7:18-18, 23). Entonces el Rey del futuro reino, era y estaba allí sentado en medio de ellos. Y según el lenguaje en que les habló, eso es precisamente lo que Él dijo.

Jesús prosiguió en los siguientes versículos, para describir su segunda venida, cuando el Reino de Dios gobierne toda la tierra. Tanto en Lucas 17:24 como en Mateo 24:27. Él se refiere al relámpago para describir su segunda venida en calidad de gobernador de toda la tierra. Versículo 26 – como ocurrió el diluvio en los días de Noé, así será de súbito el retorno de Cristo con poder y gran gloria, para reinar sobre el mundo. Versículo 30 – el día en que Él se manifieste.

Huelga decir que Jesús no afirmó que el Reino de Dios estaba dentro de aquellos hipócritas fariseos que le odiaban. Ni tampoco indicó que la Iglesia sería el Reino.

Continuemos ahora con los otros pasajes, y el asunto quedará aclarado de un todo.

Jesús inequívocamente expresó que aquellos fariseos no estarían en el Reino de Dios. A ellos les dijo: “Allí será el llanto y el crujir de dientes, cuando veáis (vosotros fariseos) a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios y vosotros estéis excluidos. Porque vendrán del oriente y del occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios” (Lucas 13:28-29).

El Reino de Dios es algo al que los hombres pueden entrar – ¡cuando ocurra la resurrección de los justos! Sin embargo, Abraham no está allí todavía (vea Hebreos 11:13, 39-40).

Aún no ha aparecido
Pero alguno preguntará: ¿No dijo Jesús que el Reino de Dios “se había acercado”? Sí, ciertamente. Citamos eso al principio de este folleto, tomado de Marcos 1:15. Esto naturalmente guía a algunos a equivocar lo que Él dijo, y el sentido de sus palabras, suponiendo que el Reino de Dios se manifestó y fue establecido durante el ministerio de Jesús, por lo que muchos piensan que el reino era la Iglesia.

Pero Jesús no dijo que el Reino de Dios había sido establecido, sino que a partir de entonces el Reino empezó, a predicarse o anunciarse (Lucas 16:16). Él no dijo que ya estaba aquí. Jesús mismo corrigió esa falsa noción. ¿Quiere leer eso en su propia Biblia? ¿Creerá entonces a Jesucristo – o le llamará embustero y seguirá creyendo las tradiciones de los hombres llamadas “cristianas”? ¿Creerá su Biblia?

Nótelo – léalo en su propia Biblia: “Oyendo estas cosas, prosiguió Jesús y dijo una parábola, por cuantoellos pensaban que el reino de Dios se manifestaría inmediatamente” (Lucas 19:11). ¿Por qué pronunció Jesús esta parábola? Porque algunos, aun entonces, erróneamente pensaron que el Reino habría de manifestarse inmediatamente – ¡porque algunos pensaron que éste sería la Iglesia!

Continúe leyendo: “Dijo pues: Un hombre noble se fue a un país lejano, para recibir un reino y volver” (versículo12). Cristo es ese “hombre noble”. Él hablaba de su ascensión al trono de Dios, su Padre, que está en los cielos. Note que fue allá para recibir autoridad de dirigir el reino – para recibir autoridad de dirigir el reino para recibir un reino. Note, también, que Él tiene que volver cuando lo haya recibido. ¡Pero Él no ha retornado aún! Otros pasajes de la Escritura explican esto claramente. Los mencionaremos más adelante.

Pero continuemos: “Y llamando a diez siervos suyos, les dio diez minas, y les dijo: Negociad entre tanto que vengo. Pero sus conciudadanos le aborrecían, y enviaron tras él una embajada, diciendo: No queremos que éste reine sobre nosotros”. Las 12 tribus de Israel originales se dividieron en dos naciones inmediatamente después de la muerte del Rey Salomón. La nación de Israel rechazó a Roboam, hijo de Salomón, y puso a Jeroboam como rey. Ellos hicieron de la ciudad de Samaria su capital. Pero la tribu de Judá se separó de Israel, as fin de retener a Roboam como rey, y Jerusalén como su capital. Luego la tribu de Benjamín se unió a ellos y también muchos de los levitas. El reino del norte vino entonces a conocerse como las Diez Tribus.

Ahora Jesucristo había nacido de la tribu de Judá. La promesa del “cetro” – o sea la tribu real, de la que el Mesías había de nacer – fue dada por Dios a Judá. En consecuencia, cuando se declara que Cristo “vino a los suyos y los suyos no le recibieron”, la escritura habla de la venida de Él a los judíos del reino de Judá, que habitaban entonces en Palestina, con su capital todavía en Jerusalén, Para ese entonces ya las Diez Tribus habían emigrado de la cautividad asiria hacia el noroeste a través de Europa. Estaban ya muy alejadas, habían perdido su identidad, y hablaban una lengua diferente. Para esa fecha ya habían pasado 700 años después de su cautividad y traslado del norte de Palestina.

No era lenguaje eclesiástico
Por lo tanto, los ciudadanos nobles que le rechazaron fueron los judíos que se hallaban en Jerusalén y los habitantes de Palestina. Y note que Jesús está hablando aquí acerca de un reino que es un gobierno literal. Sus ciudadanos no le aceptaban como rey – se negaban a permitir que reinara sobre ellos. Esa no es terminología eclesiástica – ¡es lenguaje de un gobierno civil!

De manera que viene a ser bien claro que los diez siervos de la parábola, a quien Él entregó las diez minas, representaban las Diez Tribus que llegaron a conocerse como las diez Tribus Perdidas. Después de que los judíos rechazaron a Cristo, Él envió sus apóstoles originales a las “ovejas perdidas de la Casa de Israel” – y el término “Casa de Israel” siempre aplica, después de la división, a las diez tribus que componían el reino de las diez tribus – nunca al reino de Judá, o, como se le llama a menudo, la Casa de Judá.

Continuando la parábola, que fue dicha porque algunos pensaron que el Reino de Dios se manifestaría entonces, en el primer siglo: “Aconteció que vuelto él, después de recibir el reino, mandó llamar ante él a aquellos siervos a los cuales había dado el dinero, para saber lo que había negociado cada uno” (versículo 15). Cuando Él retorne, todos seremos llamados delante de la Silla de Juicio de Cristo – ¡a rendir cuentas!

El versículo 17 nos dice que al que ganó diez minas le fue dada autoridad para gobernar ciudades – ¡”tendrás autoridad sobre diez ciudades”! Al que ganó cinco minas le dijo: “Tú también sé sobre cinco ciudades”.

Aquí está refiriéndose a la Segunda Venida de Cristo – y a la delegación de la autoridad para gobernar que conferirá a los santos convertidos durante esta era cristiana, entre la primera y segunda manifestación de Cristo sobre la tierra.

Esta parábola, por lo tanto, fue dicha para exponer claramente ante nuestros ojos que el Reino de Dios es un gobierno literal que será establecido a la Segunda Venida de Cristo – ¡y no antes! La Iglesia, pues, no puede ser el Reino de Dios, sino que la verdadera Iglesia de Dios ha de ser transformada, mediante una resurrección y cambio instantáneo de mortal a inmortal, EN el Reino de Dios. La Iglesia, cuando todos sus miembros hayan sido cambiados a inmortalidad, vendrá a ser el Reino de Dios. ¡Pero ésta no es ahora el Reino!

Los santos gobernarán
Vea ahora cómo recibe Cristo la autoridad para gobernar el Reino. Él es el hombre noble que fue al cielo a recibir esta dignidad real, y volver.

Ya vimos como el profeta Daniel consignó en el libro que lleva su nombre el establecimiento del Reino de Dios – a la venida de Cristo – para consumir todos los gobiernos nacionales que actualmente rigen la tierra y establecer el Reino mundial de Dios. Eso quedó registrado en el capítulo dos.

Leamos ahora el capítulo siete: “Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre (Cristo) que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él” (versículo 13). Jesús continuamente se llamó a sí mismo el “Hijo de hombre”, según lo vemos en los evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Cristo ascendió al cielo en las nubes (Hechos 1:9). Ascendió al trono mismo de Dios que está e los cielos (Marcos 16:19). Pero continuemos leyendo: “Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido” (Daniel 7:14).

¡Eso está muy claro! Cristo ascendió al trono de Dios en los cielos. Dios es Soberano sobre el universo entero. Esta visión muestra a Dios Todopoderoso, Padre del resucitado y viviente Cristo, confiriéndole dominio. Dominio significa soberanía o suprema autoridad gubernamental. También le fue dado a Él “un reino”. ¿Dónde habrá de estar ese reino? Dice: “y reino para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran”. Los pueblos y las naciones y las diferentes lenguas, están aquí sobre la tierra. A Él le es dado dominio sobre todas las naciones – ¡la tierra entera!

“Hasta”, importante palabra
Ahora lea en su propia Biblia, Hechos 3:21. Dice que los cielos han recibido a Jesús Hasta – no permanentemente, sólo hasta cierto tiempo. ¿Hasta cuándo? Hasta los tiempos de la Restauración de todas las cosas. Restauración significa restablecimiento a la previa condición o estado. Restablecimiento del régimen que había sido substituido por otro. Habla de restaurar las leyes y el gobierno de Dios – de restaurar la felicidad y la paz universal.

En este capítulo 7 de Daniel, el profeta describe el sueño y las visiones que había experimentado. Había visto cuatro bestias. Lea desde el versículo 16, la interpretación empieza en el versículo 17. Es la inspirada interpretación de Dios – no la mía: “estas cuatro grandes bestias son cuatro reyes que se levantarán en la tierra. Después recibirán el reino los santos del Altísimo, y poseerán el Reino hasta el siglo, eternamente y para siempre” (Daniel 7:17-18).

¡Note eso! No solamente Cristo ha de gobernar – sino que también los santos – es decir, verdaderos cristianos convertidos – aquellos que son engendrados hijos de Dios – han de tomar y poseer el reino. Ellos gobernarán bajo las órdenes de Cristo y con Cristo. ¡En el Nuevo Testamento está consignado que los santos convertidos son coherederos con Cristo!

EN el mismo capítulo 7, Daniel describió otro poder. La cuarta bestia de su sueño – el cuarto Imperio – el Imperio Romano, fue representado como una bestia con diez cuernos descrito aquí y en Apocalipsis 13 y 17 como las diez resurrecciones o resurgimientos del Imperio Romano, después de su caída original ocurrida en el año 476 A.D. Pero entre éstas – después del año 476 de la era cristiana – se levantó otro cuerno pequeño – un reino religioso, de hecho gobernando sobre los últimos siete de los otros “cuernos” o resucitados reinos romanos (versículo 20).

Lea ahora lo concerniente a este “cuerno pequeño” – el reino religioso – versículo 21: “Y veía yo que este cuerno hacía guerra contra los santos, y los vencía, Hasta (note ese otro “Hasta”) que vino el Anciano de días, y se dio el juicio a los santos del Altísimo; y llegó el tiempo, y los santos recibieron el reino”.

Los santos – que para entonces ya no serán carne y sangre, sino seres inmortales – han de poseer el reino a la segunda venida de Cristo.

Jesucristo dice eso de manera bien clara. Es Cristo quien habla en el Apocalipsis 3:21, y en 2:26-27: “Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono”. El trono del Padre está en el cielo – donde se halla Cristo ahora; pero el trono de Cristo, en el cual se habrán de sentar los santos juntamente con Él, es el trono de David, en Jerusalén (Lucas 1:32).

Dice además: “Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones, y las regirá con vara de hierro”.

No se puede saber el Tiempo
Después de su resurrección, cuando se hallaba en el Monte de Olivos, a la hora misma de su ascensión, Jesús estaba explicando a sus discípulos cómo recibirían ellos el poder inspirador del Espíritu Santo que les engendraría de Dios, en el día de Pentecostés que ya se aproximaba.

Sus discípulos querían saber si el Reino de Dios había de ser establecido en ese entonces. La Iglesia fue establecida en aquel inminente día de Pentecostés. ¿Había de ser esa Iglesia, el establecimiento del Reino?

“Señor”, preguntaron, “¿restaurarás el reino de Israel en este tiempo?”

Una vez más Jesús les explicó de la forma más clara que la Iglesia no es el Reino.

“Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad; pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra. Y habiendo dicho estas cosas, viéndole ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos” (Hechos 1:6-9).

La comisión que Él dio a la Iglesia fue de predicar su Evangelio a todo el mundo. Ellos habían de recibir el Espíritu Santo, que les engendraría como santos – como cristianos – colocándoles dentro de la Iglesia de Dios. Esto les infundiría el poder esencial para llevar a cabo la misión de la Iglesia. Pero ello no constituía en sí el establecimiento del Reino de Dios. En cuanto a esto, ellos no habrían de saber el tiempo ni las sazones.

¿Qué quiso decir Jesús, al expresar: “No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones”? Eso lo explicó Él en una ocasión, según quedó registrado en Mateo 24:36. Entonces Él estaba hablando del fin de esta era, y de su segunda venida: “Pero del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre”. Él se refería aquí a su segunda venida, y al establecimiento del Reino, el tiempo del cual ningún hombre sabe, sino solamente el Padre.

Sin embargo, aunque no sabemos, ni siquiera ahora, el día o la hora, ¡sabemos por las profecías de Dios, que está muy cerca! Note esto en Lucas 21:25-32: Él había estado prediciendo los acontecimientos del mundo – los que están empezando a ocurrir precisamente ahora, y que se traducirán en “angustia de las gentes” en los conflictos mundiales y guerras mundiales “con perplejidad” – “desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra” – caos mundial como el que nunca antes llegó a experimentarse. “Cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios. De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca.

Las dos fatídicas alternativas
Los trastornos de este mundo empezaron el año de 1914, con la Primera Guerra Mundial. Hubo una tregua desde 1918 hasta 1939. Nos encontramos ahora en la segunda intermisión. Pero ahora por fin hay una energía nuclear. Hay las bombas de hidrógeno acumuladas y en reserva, con tal capacidad y volumen, que podrían arrasar toda vida humana del planeta muchas veces. Y se cuenta además con otras dos armas destructivas capaces de deshacer a la humanidad en cualquier momento.

Hoy en día los más destacados científicos afirman que solamente un super-gobierno mundial puede evitar el suicidio del mundo. Con todo, los hombres no pueden y jamás podrán formar semejante gobierno de alcances mundiales.

Es tiempo de que nos enfrentemos a la dura, fría, REALIDAD: La humanidad tiene dos alternativas: o bien existe un Dios Omnipotente , Todopoderoso que está a punto de intervenir y establecer su Reino para gobernar a todas las naciones con fuerza sobrenatural y supernacional para producir la paz – ¡o de lo contrario no quedará un solo ser humano con vida sobre la tierra (Mateo 24:22).

Si el engaño religioso que se imagina que la Iglesia es el Reino de Dios está en lo cierto, y no existe, por lo tanto, la seguridad de un futuro gobierno mundial sobrenatural, todopoderoso, que es el Reino de Dios, entonces la humanidad está totalmente sin esperanza – ¡toda la vida humana sería destruida! Pero medite en lo que dijo Jesús.

¿Puede creer a Jesucristo?

¿Dónde reside su confianza, en la Palabra de Dios, o en las paganizadas, engañosas, vanas, doctrinas que falsamente se autonombran “cristianas”? ¿Seguirá usted creyendo las falsas enseñanzas heredadas como una “tradición cristiana” – que afirman que la Iglesia es el Reino de Dios o que el Reino es meramente un sentimiento obtuso, frívolo y etéreo “puesto en nuestros corazones”? El tiempo es ya muy corto y ha llegado la hora de que usted llegue a saber quiénes son los falsos profetas y quien está proclamando la Palabra de Dios con toda fidelidad.

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